- Desde el inicio, el idioma fue una de las mayores dificultades. En varias ocasiones no entendía completamente lo que pasaba a mi alrededor, lo que hacía que la comunicación con pacientes y compañeros fuera un desafío. Sin embargo, poco a poco aprendí a expresarme con frases más sencillas y a apoyarme en la comunicación no verbal, como gestos, contacto visual y sonrisas, que muchas veces transmiten más que las palabras.
- Con el tiempo me di cuenta de que la clave era observar, preguntar y confiar en mí misma, cada día me fui adaptando mejor y aprendí a manejar las dificultades con más paciencia y seguridad.
- Otro aspecto valioso de esta experiencia ha sido conocer a otros voluntarios de distintas partes del mundo. Escuchar sus historias, aprender de sus culturas y compartir momentos con ellos me ha permitido ampliar mi perspectiva y valorar aún más el camino que estoy recorriendo.