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Testimonio de Nico desde, Irlanda del Norte

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Desde que llegué, algo que me marcó fue la acogida en la casa. Realmente te hacen sentir cómodo, como si estuvieras en tu propio hogar. Se convierte en tu segunda casa. En el trabajo también es así: no eres simplemente alguien que sigue órdenes, sino que eres parte del equipo. Te valoran como compañero, te apoyan y están abiertos a que aportes tus propias ideas. Eso hace que la experiencia sea más rica para todos.

Esta residencia está en un buen momento. Aunque ha habido cambios y varias personas se han ido, siento que todo se está acomodando y yendo para arriba. Yo, por ejemplo, terminé siendo 100% granjero. Manejo tractor, ¡y nunca me lo imaginé!

Lo lindo es que hay voluntarios de todo el mundo: India, Alemania, Francia, Perú, Kenia… de todas partes. Y también de todas las edades. Cuando el clima cambia, se siente muchísimo en el ánimo de las personas, especialmente en invierno, así que es importante venir preparado para eso.

Algo que me ayudó mucho fue decir que sí a los planes. Salir, viajar, conocer a los otros voluntarios, hacer actividades juntos… eso hace una gran diferencia. Te dan 180 pounds cada mes, y hay muchos talleres: costura, panadería, carpintería, jardinería, granja y casa.

En los tiempos libres, aunque el pueblo no está muy cerca, puedes ir en bus. Y dentro de la comunidad hay un pub que es chévere. Cuando hay sol, aprovechamos para hacer picnics o ver películas. Nadie te está monitoreando todo el tiempo, así que aprendes a crecer, a ser responsable contigo mismo. Hay dos personas encargadas de acompañarte, que te preguntan cómo estás y organizan actividades para todos.

Algo que me encanta es que todo aquí es biodinámico. Comemos lo que cultivamos y, cuando hace falta, se compra lo necesario. La comida es suficiente. Ahora que llevo más tiempo, me doy cuenta de que al principio pude haber aprovechado más, así que si estás por venir, mi recomendación es que te quites el miedo. Todos aquí son muy amables, tienen la mente abierta y están dispuestos a ayudarte. La mayoría está en la misma onda que tú, así que todo fluye.

Yo también tenía miedo por el idioma, pero fue fácil adaptarse. Ahora todos hablamos fluido y nos entendemos muy bien. Esta experiencia me ha ayudado a crecer mucho como persona. Aprendí a vivir el día a día, a quererme a mí mismo, a disfrutar de mi compañía. Cambié bastante mi mentalidad. Aprendí a manejar horarios, dinero y responsabilidades.

Una de las cosas que más me gustó fue un taller donde tuvimos que crear un proyecto relacionado con lo que queremos hacer en el futuro. Fue una gran oportunidad para conectar lo que hacemos ahora con lo que viene más adelante.

Mi consejo: ven con buena energía, participa en los eventos que organizan porque es una buena forma de hacer amigos. Cada tres meses hay reuniones de supervisión para ver cómo estás y cómo se puede mejorar. Y algo muy importante: nunca te metas con los residentes en temas sensibles como tomarles fotos, compartir cosas indebidas o hacer chistes fuera de lugar. Nos lo dicen desde el inicio, pero uno no lo entiende del todo hasta que está aquí.

Hazte amigo de los voluntarios que están más abiertos a conversar, eso ayuda un montón. Saca la tarjeta de estudiante, es súper fácil y con eso tienes 50% de descuento en transporte si tienes menos de 25 años. Ir a Belfast, por ejemplo, cuesta 10 pounds. También te dan dos días de vacaciones por mes, que puedes usar o acumular, y dos días libres a la semana (aunque no siempre son seguidos, si lo conversas, puede que te los den juntos).

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